Escena

Published on Diciembre 9th, 2013 | by Lucía Carralón

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Una boda desternillante

He de reconocer que las comedias francesas son mi debilidad. Adoro sus diálogos ágiles y su toque fresco (en muchas ocasiones absurdo, sí, pero hilarante), y precisamente estos elementos reinan en todo su esplendor en Una boda feliz, la adaptación de Juan Solo de la maravillosa Le Gai Mariage, de Gérald Bitton y Michel Munz.

 

Antonio Molero interpreta a Enrique, un soltero empedernido que disfruta de sus escarceos hasta que recibe el testamento de su tía, una ricachona que supo invertir en acciones de Microsoft. Hasta aquí, todo bien. ¿Lo malo? Que la difunta le impone una condición: para cobrar su millonaria herencia debe casarse y permanecer felizmente unido a su pareja durante un año. Lo más racional que se les ocurre a él y a Roberto (amigo a punto de divorciarse interpretado por Juan Solo) es que contraiga nupcias con Lolo, un colega de ambos que sueña con ser un gran actor y cuyos días de “gloria” pasaron hace mucho, encarnado por Agustín Jiménez. Tras la boda, como era de esperar, se van sucediendo situaciones de lo más ambiguas y divertidas, que hacen que los protagonistas se transformen de un modo inimaginable. A ello contribuyen en gran medida los personajes secundarios: el acartonado padre de Enrique (el actor Francesc Albiol), quien nos impresiona con una tremenda confesión y su posterior metamorfosis, y la bella Elsa (Celine Tyll), que aparece para enredar la situación aún más.

 

Los chistes, muy bien adaptados a situaciones españolas de actualidad, son graciosísimos e irreverentes. De hecho, en numerosas ocasiones uno teme perdérselos debido a que las carcajadas colectivas se suceden tan deprisa que aún te ríes por alguna ocurrencia cuando sucede otra todavía más surreal. Los personajes están magistralmente definidos y los actores cumplen su propósito con muy buen hacer, haciendo patente a lo largo de toda la obra cómo disfrutan y juegan con sus personalidades ficticias. El ligón te conquista y logra que su filosofía te parezca la más lógica del mundo, el recto y soberbio sorprende con una vida contradictoria, el abogado que no sabe llevar su propio divorcio hace que de desternilles con su apoyo incondicional hacia sus amigos y el amor-odio que siente por su futura ex mujer, y el bonachón oculta que también tiene un lado calculador. Una mezcla explosiva que garantiza diversión a raudales.

 

Cabe destacar lo apropiados que resultan determinados efectos sonoros, como grillos o timbres de bicicleta, así como la distribución de los elementos decorativos, ya que aportan matices distintos a las escenas. Se nota la mano de Gabriel Olivares, director de esta genial obra, quien lleva ya varias adaptaciones de textos franceses a sus espaldas. Su apuesta por la comedia de enredo es sobresaliente, y en tiempos como los que vivimos asistir a funciones de este tipo resulta de lo más estimulante. Si quieres pasarlo bomba te garantizamos que ésta es tu boda. Saldrás del teatro sintiéndote muy feliz.

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