Música

Published on marzo 19th, 2014 | by Daniel Villanueva García

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Un viaje al pasado más actual

Martes 18 de marzo. A las 21:30 la actuación comenzó con un público que ha crecido con Velvet Underground y el particular estilo experimental de Lou Reed. Ansiosos, preparándose para rememorar una música que no ha parado de ser una fuente de influencias desde los ’70 hasta la actualidad, llegando incluso al propio Neil Halstead. Una forma de entender este arte en la que no es necesario tener un amplio registro vocal, ni siquiera expresar el sentimiento luchando contra la garganta, sino tener un gusto tranquilo, mesurado, estudiando cómo llegar a las personas para producir una emoción, y provocar ese estado de calma tensa, de una sonoridad que no deja indiferente y que es capaz de atrapar a espectadores de cualquier edad. Un estilo de Neil Halstead que es también en cierto modo el que buscaba el artista tributado.

 

Neil Halstead estaba preparando junto a su banda una gira en la que interpretarían  el primer disco de la afamada banda The Velvet Underground cuando sucedió la terrible noticia de la muerte de Lou Reed, padre del rock alternativo y la cultura pop (recordemos que trabajó junto a Warhol y Nico durante la grabación y difusión de su primer disco con esta banda). La gira de Neil Halstead en busca de difusión y de nuevos públicos se convirtió en una gira como tributo a Lou Reed, interpretando a Velvet Underground, finalizando con la muestra de talento de Keiza (su telonera y pianista) y Neil. Una recreación fidedigna, exaltada con el protagonismo del guitarrista de la banda aunque con una escasa presencia del bajo, creando un balance de agudos y medios demasiado altos, mal ecualizados.

 

Con esta idea en mente emprende Neil todo un viaje sonoro a las mentalidades creativas que buscaban nuevos horizontes expresivos para narrar sus sensibilidades y esa nueva forma de vida llevada por la cultura de masas globalizada, consiguiendo no imitar, sino recrear de forma interna el sonido de la época y el particular estilo de Lou Reed.

 

Tal vez lo único que he echado de menos es la presencia activa del público, pues aunque Neil transmitió bien el sonido de Velvet no todo el auditorio supo entender lo que estaba oyendo, demasiado tranquilos y contemplativos frente al espíritu exaltado en que desembocaría un concierto de esta categoría en los auténticos ’60 y ’70.

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