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Published on enero 31st, 2014 | by Guillermo Malagamba Triana

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Sherlock Holmes sigue gustando. Elemental

Sherlock Holmes.

Área de sus conocimientos.

1. Literatura: Cero

2: Filosofía: Cero

3. Astronomía: Cero

4. Política: Ligeros

5. Botánica: Desiguales. Al corriente sobre la belladona, opio y venenos en general. Ignora todo lo referente al cultivo práctico.

6. Geología: Conocimientos prácticos pero limitados. Distingue de un golpe de vista las clases de tierras. Después de sus paseos me ha mostrado las salpicaduras que había en sus pantalones, indicándome, por su color y consistencia, en qué parte de Londres le habían saltado.

7. Química: Exactos, pero no sistemáticos

8. Anatomía: Profundos

9. Literatura sensacionalista: Inmensos. Parece conocer con todo detalle todos los crímenes perpetrados en un siglo.

10. Toca el violín

11. Experto boxeador y esgrimista de palo y espada

12. Posee conocimientos prácticos de las leyes de Inglaterra

Llevaba ya inscrito en mi lista todo eso cuando la tiré, desesperado, al fuego, diciéndome a mí mismo: “Si el coordinar todos esos conocimientos y descubrir una profesión en la que se requieran todos ellos resulta el único modo de dar con la finalidad que este hombre busca, puedo renunciar desde ahora a mi propósito”. (Sir Arthur Conan Doyle, Estudio en escarlata).

 

Empiezo transcribiendo los pensamientos que carcomían al Dr. Watson cuando empezaba a compartir piso con Holmes por algo más que simple postureo. Lo hago para dibujar el puente que Steven Moffat y Mark Gattis ham construido desde los trabajos de Conan Doyle hasta nuestros días, desde la época victoriana hasta los días de Twitter. Para ello han reconstruido al personaje y lo han adaptado a nuestros días, pero vayamos por partes.

 

Un Holmes diferente, pero creíble

Debo confesar que al primer golpe de vista el aspecto de Holmes no me gustó. No era un hombre maduro, no era enjuto y su nariz no era aguileña. Benedict Cumberbatch hubiera podido pasar por un policía, quizá incluso por un aristócrata, pero no por Holmes. El recelo desapareció rápidamente y en el primer episodio ya estaba completamente convencido de que Cumberbatch era Holmes: su porte frío, su trato altivo, su forma de hablar (rápida, porque piensa muy rápido, cosa que por ejemplo nunca se le vio a  Basil Rathbone) y sus deducciones, que además de brillantes están rodadas con mucha agilidad. El elemento tecnológico, lejos de ser un obstáculo, se convierte en un aliado de forma muy ingeniosa. Los whatsapps y los sms no sólo no dejan de lado al espectador, sino que lo hacen más partícipe de la experiencia holmesiana que a otros personajes.

 

Por otro lado tenemos a un Watson igual de hogareño y afable. Martin Freeman es quizá más atlético y joven que su antecesor literario, pero también es un fiel cronista de las andanzas del dúo detectivesco. Los creadores han hecho que Holmes también critique estas crónicas, como entrañablemente lo hacía Robert Stephens en La vida privada de Sherlock Holmes de Billy Wilder (1970), sólo que esta vez dichas andanzas están en un blog de internet. Brillante.

 

Luces y sombras

Sherlock es como su Londres natal: por un lado es una ciudad cosmopolita y maravillosa, llena de rincones sorprendentes, de historia y de vida; por otro, es una ciudad llena de tráfico, con niebla y un tiempo espantoso. Esa dualidad se le ha contagiado a la producción de la BBC.

 

Las luces son más abundantes que las sombras, ya que ciertamente la serie tiene más cosas positivas que negativas.

1. No se hace pesada: fiel a su naturaleza británica, cada temporada tiene tres capítulos. Nada de capítulos de relleno, todos ellos tienen algo que contar.

2. Cada capítulo es una película: en efecto, un caso bien desarrollado necesita más que 45 o 50 minutos, igual que Bauer necesitaba 24 horas para resolver un caso (excepto salir de la isla de Perdidos, que para eso le sobran 10). Holmes necesita cien minutos para resolver un misterio, que por cierto siempre está bien planteado. Ojo, que pasan en un suspiro, que no se me agobie nadie.

3. La adaptación de los textos es acertada: el purista puede reconocer bien los clásicos de Conan Doyle sin llegar al calco, desde Estudio en escarlata a Escándalo en Bohemia, entre otras. He de admitir que este último me tocó la fibra sensible. Vemos al Holmes más humano, y ante la gloriosa interpretación de Lara Pulver como Irene Adler no podemos sino calificarla como “la” mujer. Sin duda es el cénit de la serie.

4. Los secundarios cumplen bien: ¿qué sería de esta serie sin el 221B de Baker Street? Allí vemos cómo se desarrolla buena parte de la trama, y allí aparece la cándida Mrs. Hudson o su hermano Mycroft, que aunque muchos no lo crean también aparece en los relatos originales trabajando para el gobierno.

 

Sin embargo, hay un par de cosas que no terminan de entrar bien en todo esto.

1. ¿Ése es Moriarty?: la aparición del genio del crimen James Moriarty ha sido objeto de múltiples críticas. El despiadado matemático se ha quedado en un compañero de clase, no en el profesor que se supone que debería ser. ¡Si hasta yo soy mayor que él!

2. La tercera temporada está descuidada: la esperada tercera temporada ha sido un pequeño fiasco. Holmes saltándose cosas obvias, bombas con un interruptor on/off, Holmes usando cinco portátiles para chatear con cinco personas (¿no conoce este hombre las pestañas de los navegadores?),… Ha dado la impresión de que Moffat y Gatiss (quien, por cierto, interpreta muy bien a Mycroft) han querido hacer el personaje excesivo y convertirlo en carnaza de fans, y los resultados no han gustado. Incluso se han permitido poner a Holmes borracho, algo impensable en él (quizá un reflejo de la aversión de Conan Doyle por el alcoholismo de su padre) y que da pie a alguna escena absolutamente prescindible. Como no todo es malo, en el 3×03 la cosa se arregla un poco con la aparición del chantajista Charles Augustus Magnussen, al que le han dado un carisma inigualable.

 

De momento tienen firmada una temporada más con la que tendrán que redimirse por estos fallos. Ya veremos en qué acaba todo.

 

Entonces, ¿la recomendamos? Sí, por supuesto. Tanto si eres aficionado al universo Holmes como un neófito disfrutarás muchísimo por su ritmo, su ingeniosa forma de involucrar al espectador y sus guiones, que en su mayoría cumplen con nota. Pero esto ya lo había dicho, ¿verdad? Elemental, querido lector.

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