Música

Published on noviembre 1st, 2013 | by Laura Muñoz

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Mejor morir de magia

Cuando escribes reseñas o críticas llega un momento en que temes no ser objetivo. Intentas tener en cuenta características como la técnica, la acústica de la sala, si el cantante desafina o los personajes no están bien desarrollados. Procuras basarte en datos que no necesiten demasiada interpretación, ya que no quieres influenciar en exceso al lector. Sin embargo, la música o la literatura son artes que requieren cierta energía y se basan en los sentimientos que despiertan. Transmitir amor, desengaño, celos, envidia o felicidad, las miserias y alegrías que nos hacen humanos, es la base de la cultura. Y este afán de saber más, esta capacidad para sentir empatía por personajes inventados, emocionarnos con el beso al final de la película o rememorar momentos de nuestra vida al escuchar una canción, son algunas de las características que nos definen como especie. Por tanto, omitir la huella que deja en nosotros un concierto o una fotografía sería como vaciarlos de contenido. Describiríamos el envoltorio, pero no llegaríamos a vislumbrar el regalo.

El pasado día 30 actuaron Rufus T. Firefly en la sala El Sol, y si hay una palabra que defina su concierto es pasión. Por tanto, le pido al lector que entienda que eliminar los sentimientos de esta crónica sería dejarla en la carcasa. La banda formada por Víctor Cabezuelo (voz y guitarra), Sara Oliveira (bajo), Carlos Campos (guitarra), Julia Martín-Maestro (batería) y Alberto Rey (teclado) transmite una energía, una emoción y un amor por la música contagiosos. Qué manera de tocar, de cantar, de sentir,…y de conquistar.

Miércoles, 22:30 de la noche. La sala abarrotada, el público espectante. Salen estos cinco chicos al escenario y arrancan con La historia secreta de nuestra obsolescencia programada, canción que comparte nombre con su anterior trabajo y que, junto con Dentro de 7.500 años, sería la única que tocarían de él. El resto del repertorio, salvo alguna pieza que irá incluida en su esperado próximo disco, estuvo compuesto por temas de su maravilloso Ø, una de esas impresionantes excepciones que te encuentras en el panorama musical actual. Un Mellon Collie and the Infinite Sadness español. Qué raro es escuchar un cd entero sin saltarse una sola pieza y encontrar en cada canción una frase que conmueve o un corte instrumental que conecta con una parte muy íntima de tu ser. Cuánto se agradece un trabajo tan completo. Cuando un grupo se entrega de una forma tan sincera de algún modo también logra desnudar a quien le escucha. Esta honestidad queda patente, sobre todo, cuando tocan temas como Somos el enemigo (Escribe aquí el nombre de la persona a la que más quieras), de una delicadeza que recuerda a Radiohead o Los Planetas en su versión más serena.

Qué hazaña que un grupo indie sea atrevido y nos ofrezca largas partes instrumentales y letras de una belleza tan profunda. Nada de hacer ruido por rellenar huecos, ningún verso superfluo. Ruido y sueños o Incendiosuicida (a la que puso su carismática voz Daniel Arias, de Pasajero) tienen una autenticidad y una fuerza que elevan a la excelencia en directo. Se nota la mano de Manuel Cabezalí (Havalina) en la producción, pero es mérito de Rufus T. Firefly hacer que parezca sencilla una música tan compleja. Plagados de influencias cinéfilas (con alusiones directas a Blade runner o Fellini), haciendo una versión impagable de Elephant, de Tame Impala, y relacionados con grupos que representan al mejor indie patrio, como Los Piratas o Love of Lesbian, era imposible que la noche no fuera inolvidable. Rufus T. Firefly, seguid haciéndonos morir de magia.

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