Escena

Published on Octubre 9th, 2014 | by Laura Muñoz

0

Por un tiempo ausente: la grandeza de los bajos fondos

“La esperanza es lo último que se pierde”…¡cuántas veces habremos escuchado esa frase! Todos la hemos pronunciado o padecido alguna vez, exasperándonos o dándonos aliento para no desfallecer. Al igual que ocurre con la paciencia, es un estado mental que invita a la inmovilidad, a dejar que el transcurso del tiempo actúe o el karma fluya. Asociamos a quienes son capaces de mantener la calma durante la tempestad con una personalidad equilibrada y prudente, pero lo que no suelen decirnos es que la esperanza también tiene una cara menos amable, porque puede ser el clavo ardiendo que nos abrase las yemas de los dedos. Mantenernos en estado de espera suele implicar hacer una pausa, una renuncia, ir de un punto a otro de la vida por un sendero tortuoso.

 

Por un tiempo ausente es una obra que gira en torno a esos altos en el camino, diseccionándolos y estudiándolos con precisión de cirujano. Lo hace de forma descarnada y ausente de compasión para con sus protagonistas, mujeres tenaces a quienes la vida ha tratado con aspereza. Cristina (Emi Caínzos) y Virginia (Laura Blazquez) son compañeras de habitación con personalidades absolutamente opuestas, pero que tienen en común un pasado trágico, un presente despiadado y un futuro que pinta negro. Son prostitutas que trabajan para un proxeneta y que van subsistiendo como pueden, aferrándose a sus sueños o a sus recuerdos. En su día a día sólo interactúan sus clientes y Mami (Raquel Terrados), una meretriz casi retirada y con una actitud a medio camino entre la de una madame de burdel y una auténtica figura materna. Sus existencias avanzan por los cauces habituales hasta que irrumpe en ellas María (Naiara Murguialday), quien provocará en las tres mujeres y en el hijo del proxeneta, Carlos (Aitor Campo), un torrente de emociones que les llevarán a explorar sus propios límites.

 

Jonatan González, dramaturgo y director de esta obra, ha dotado a sus personajes de una fuerza insólita. Todos ellos arrastran unas cargas emocionales muy crudas, llenas de sentimientos de culpa, frustración y miedo. Sin embargo, también vemos en esta producción muchísima ternura y dignidad. Los personajes femeninos representan los estados que atravesamos tras recibir un duro golpe: cinismo, soledad, rencor, aceptación, fe e ilusión. Todas ellas recorren un desierto de amargura, pero lo hacen con una entereza y una decencia dignas de sentir admiración. Sus interpretaciones emocionan hasta lo más hondo, logrando que el espectador se adentre en un mundo que le es absolutamente lejano y le parezca palpable. No es fácil conseguir que el público empatice con una trama tan turbia como la de Por un tiempo ausente, pero viendo a esas mujeres nobles y valientes es inevitable pensar en lo tremendamente indefensos que estamos ante los vaivenes de la vida. Nos llevan a anhelar que su presente sea sólo un alto en el camino, una pausa que les ayude a coger aliento y alzarse victoriosas ante un destino injusto. A esperar que la piel se regenere pese a las quemaduras del pasado.

Tags: , , , , , , , , , , ,


About the Author



Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Back to Top ↑