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Published on Diciembre 10th, 2013 | by Laura Muñoz

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La magia apoteósica de Imagine Dragons

Una de las cosas más importantes a la hora de lanzar un libro, una película o un disco es elegir un nombre apropiado. Ése que capture la esencia de lo que se quiere comunicar, otorgue uniformidad a la idea que el artista tiene en su cabeza y resulte atractivo para el público. A fin de cuentas, si es cierto que comemos con los ojos, también lo es que muchos productos nos llaman la atención por su título. Imagine Dragons es una denominación curiosa para un grupo musical. Evoca aventuras épicas y fantasía desbordante, como si se tratase de un videojuego moderno parecido al Zelda. Pocas veces un nombre resultó tan adecuado para definir a una banda, ya que “magia” es la palabra que mejor califica al espectáculo que el cuarteto de Las Vegas ofreció en Madrid.

 

En principio estaba programado que el primer concierto de Imagine Dragons en la capital fuese en La Riviera. El cambio al Palacio de Vistalegre ya indica el salto tan increíble que el grupo ha dado en cuestión de meses, e incluso este último espacio se le ha quedado pequeño a su Night Visions Tour. Y todo ello teniendo sólo un disco en el mercado. Cuando compré mi entrada tenía dudas sobre si una banda tan joven podría llevar a buen puerto un recital de estas características, porque aún siendo Night Visions un trabajo completísimo, defenderlo ante unas 12.000 personas es harina de otro costal. Colas larguísimas para entrar al recinto y el aforo casi completo antes de que salieran al escenario Dan Croll, los teloneros, hablan por sí mismos de la emoción que se palpaba en el ambiente. La banda de Liverpool dejó un buen sabor de boca y contribuyó en gran medida a generar expectativas, aludiendo constantemente al espectáculo que iba a tener lugar en breve. Al fin, a las 21:15 se apagaron las luces y Vistalegre se rindió ante la seducción de Imagine Dragons, que son pura electricidad. Saltaron al escenario con energía, haciendo alarde de una de sus mejores características: la fuerza de su percusión. Tanto protagonismo le dan que colocaron junto al micro de Dan Reynolds, su carismático cantante, un enorme tambor oriental para potenciar este efecto. Arrancaron con Round And Round, y no había mejor canción para hacerlo. La noche iba a ser tan redonda como prometían.

 

El directo es un arma de doble filo porque deja al desnudo las carencias que una banda pueda tener, pero los buenos músicos lo saben aprovechar para ensalzar sus virtudes. En el caso de Imagine Dragons ocurrió lo segundo, ya que en las distancias cortas este grupo es apoteósico. No es sólo que todas sus canciones estén maravillosamente interpretadas, es que a su Night Visions Tour ni le falta ni le sobra nada. La única pega que puede ponérsele es que a ratos era difícil escuchar al cantante entre la algarabía colectiva, pero esto se debe a que la acústica del lugar es más apropiada para un partido de baloncesto que para dar conciertos. Siendo ésta su primera gira mundial no deja de sorprender la capacidad de Dan Reynolds (“Danielito” para los amigos) para sacar lo mejor de su auditorio. Como si de un amor a primera vista se tratase, público y banda se entregaron a su recíproco embelesamiento con los acordes iniciales de Amsterdam, y esta pasión se confirmó con Tiptoe y Hear Me, canción que supuso uno de los momentos más extraordinarios de la noche. No disimularon su estupefacción inicial, ni su felicidad, al ver cómo Vistalegre coreaba cada estribillo. Cha-Ching (Till We Grow Older) y Rocks fueron la calma que precede a la tormenta inesperada, ya que nadie podía presagiar que Reynolds dedicaría a su madre ni más ni menos que Song 2, el emblemático tema de Blur. En sus inicios, la banda de Las Vegas se dedicaba a hacer versiones de grupos a los que admiraban y, aunque ahora sus propias composiciones bastan para hacernos saltar como locos, esta cover no pudo ser mejor. Sin dejar tiempo a que recobrásemos el aliento empezó It’s Time, una de sus canciones más celebradas, que confirmó que Imagine Dragons están listos para jugar en la liga de los mayores. Tras este tema tan vitalista y arrollador tocaron 30 Lives, dedicándosela a un joven fan que murió de cáncer. Fue su única concesión a la intimidad, con el recinto plagado de luces de móviles y mecheros. Para la traca final reservaron Demons, Underdog, On Top Of The World y Radioactive. Casi nada. Especialmente intensa fue la última, en una versión alargada y soberbia que constituyó el momento álgido de la velada.

 

El grupo se aleja del escenario. Luces fuera, gritos de “¡otra, otra!”. Tras varios minutos vuelven al ruedo dispuestos a llevarse las orejas y el rabo, maravillados por el fervor de su audiencia. “Bleeding Out!” pedimos, y nuestras plegarias son escuchadas. Dan Reynolds nos asegura que es la primera vez que van a tocar dos temas en los bises, como la madre que confiesa que sí que tiene un hijo predilecto. Con Nothing Left To Say termina el espectáculo, y el público rompe en éxtasis. El amor agota, y las casi dos horas de magia de Imagine Dragons nos dejan exhaustos, pero pletóricos.

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