Música

Published on noviembre 8th, 2013 | by Laura Muñoz

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La hora de Miles Kane

Los británicos tienen un clima horrible y una gastronomía que tal baila, pero si de algo pueden estar orgullosos es de su contribución a la cultura. Quizá esta notable aportación se deba precisamente a su mal tiempo, ya que la tibieza del sol invita más a realizar actividades al aire libre que a quedarse en casa componiendo sonetos o estudiando solfeo. Sea cual sea tu estilo musical, destacan tanto que seguro que entre tus grupos preferidos está algún inglés. The Beatles, The Who, los Rolling Stones, The Clash, The Smiths, The Cure o los más recientes Oasis, Radiohead o Muse…la lista es casi infinita. Y Miles Kane, británico como el que más, parece beber de todas esas influencias y aportar un estilo propio de lo más cool.

 

Gamberro como Jagger, poseedor de un registro vocal similar a Alex Turner (Arctic Monkeys) y con una camisa que le podría haber cogido prestada al mismísimo Tom Jones (y aun así este chico luce siempre impecable…¡que nos explique cómo lo hace!), Miles Kane salió anoche dispuesto a conquistar una abarrotada Joy Eslava. Atrás quedan The Last Shadow Puppets, ese magnífico proyecto que creó junto con el líder de los monos árticos, o actuar como telonero de los mismos. Arrancó con You’re Gonna Get It y Taking Over con fuerza, la sonrisa asomando siempre en la cara, pero no fue hasta Rearrange, uno de sus mejores temas, cuando se le vio realmente cómodo. El público respondió con entusiasmo y el cantante se vino arriba demostrando una simpatía, un carisma y unas tablas que le asemejan considerablemente a Richard Ashcroft (The Verve, otra referencia más para el registro). Ahí fue cuando Kane manifestó tener mucha más soltura sobre un escenario que Turner, figura con la que se le compara constantemente, y actuó como un auténtico líder de masas, lujo que puede permitirse gracias a los excelentes músicos que le acompañan. Su sonido en directo es sencillamente sensacional, fiel reflejo de un trabajo de producción impecable.

 

Si alguna pega se le puede poner a la actuación de Miles Kane es que quizá le falta variedad. Fue un puntazo su versión de Sympathy For The Devil, entre medias de Give Up, pero la emoción del inicio se evaporó un poco con Darkness In Our Hearts, Take The Night From Me y My Fantasy. Al tener sólo dos discos estos bajones de intensidad pueden ser habituales, pero se le perdonan si van seguidos de temas tan potentes como Tonight, Inhaler y Don’t Forget Who You Are.

 

Hasta ese momento el concierto había sido muy bueno, pero no memorable. Miles y su banda hacían un amago de despedida. Volvió él solo, guitarra en mano, para ofrecernos una preciosa versión acústica de Colour Of The Trap. Ahí se produjo la magia. Tiene esa canción una cadencia tan bella, íntima y frágil que no te deja otra opción que rendirte ante su poesía. Te lleva a sentir una vulnerabilidad extrema. Tras ella, como punto y final de la noche, salió el resto del grupo y tocaron una versión alargada de Come Closer, el mayor bombazo de este artista hasta el momento. Todo un torrente de seguridad y seducción que mantuvo al público en éxtasis durante siete minutos. Miles Kane ha madurado y sabe que es el momento de despegarse definitivamente de su pasado y ganarse un lugar propio en el inmenso registro de celebridades británicas. Es ahora o nunca.

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