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Published on Noviembre 14th, 2014 | by Laura Muñoz

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Interstellar: Un viaje más allá del cosmos

Sé bien poco sobre la teoría de la relatividad, los agujeros de gusano y demás terminología básica del cine de ciencia-ficción. A duras penas aprobé física en el instituto. Mi mente tiende más a volar entre filosofía, literatura y otras ensoñaciones mundanas que hacia las estrellas, y sin embargo siempre he disfrutado muchísimo con películas que hablan de misiones espaciales, alienígenas o viajes en el tiempo. Algunas de las cintas que más me han marcado versan sobre historias de este tipo, como E.T., Blade Runner, Alien, Terminator o Matrix, por poner un puñado de ejemplos que comparten temática fantástica pero son muy dispares entre sí.

 

Christopher Nolan es un director que se siente como pez en el agua en universos ficticios. Conocido por haber dirigido la última trilogía de Batman, Origen o Memento, sus trabajos tienen un nexo singular: sus personajes habitan mundos extraños, mágicos o enigmáticos, pero llevan sobre sus hombros cargas emocionales muy terrenales. Su último filme, Interstellar, no iba a ser menos. Su protagonista, Cooper (un inmenso Matthew McConaughey, a quien no hace sombra nadie en un reparto plagado de grandes intérpretes), es un padre de dos hijos, viudo, que vive con su suegro en una granja. Nuestro planeta se ha visto arrasado por unas extrañas tormentas climáticas de polvo y plagas que nos abrasan los pulmones y contaminan las plantaciones (algo parecido a la explicación apocalíptica del libro Soy Leyenda, pero sin vampiros). La mayor parte de la humanidad ha tenido que dedicarse a la agricultura, ya que la comida escasea. A los niños se les enseña a cultivar el campo, no a mirar hacia las estrellas, considerándose un despilfarro la inversión en tecnología. ¡Ay, Maslow, es cierto que resulta complicado soñar con cohetes teniendo el estómago vacío! Y sin embargo Cooper no se resigna a vivir de ese modo. Él sabe que está hecho para surcar el aire y ver cometas, no para arar la tierra y programar cosechadoras.

 

Interstellar nos habla de viajes espaciales, de la búsqueda de otros planetas donde pueda darse la vida humana. Podría decirse que es una película de ciencia-ficción, es cierto, pero encasillarla en ese género se le quedaría muy corto. Es la 2001: Una odisea en el espacio de las nuevas generaciones, igual de hermosa, inquietante y descorazonadora. En muchos aspectos me recuerda al cine del mejor Shyamalan (las similitudes con Señales son muy evidentes), porque por encima de todo ésta es una historia de fe. Las aventuras cósmicas son sólo el telón de fondo de un entramado de emociones complejas que compartimos todos los humanos. Cooper tiene madera de astronauta, es un piloto excepcional, pero sobre todo es un padre que adora a sus hijos y que iría al fin del mundo por ellos. A planetas sin nombre, vacíos temporales, desiertos de hielo o agujeros de gusano con finales inciertos. Interstellar es un canto al amor, la creatividad y la esperanza, y está plagada de momentos de una belleza tan poderosa que eriza la piel y empaña los ojos. No sé nada sobre física cuántica, pero sí sé que por mucho que exploremos la galaxia, el centro del universo siempre estará donde habiten las personas que queremos.

 

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2 Responses to Interstellar: Un viaje más allá del cosmos

  1. CHR. says:

    Una basura estúpida, vacía y pretenciosa como todo lo que hace Nolan desde ‘Begins’

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