Música

Published on Noviembre 23rd, 2013 | by Laura Muñoz

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Evoluciones lógicas y emociones ilógicas

Una de las cosas que más me gustan de Madrid es la impresionante variedad cultural que posee. Me encanta rebuscar entre salas de conciertos, teatros y pequeñas galerías y perderme en su abundancia de propuestas. Sumidos como estamos en tiempos de crisis económica, sanitaria y educativa (por mencionar algunas de las más básicas), muchas veces no le damos a la cultura la importancia que deberíamos, pese a que es uno de los pilares fundamentales que insuflan vida a una ciudad y a quienes la habitan.

 

Este viernes encontré uno de esos pequeños placeres: Inlogic despedían su gira, Vasijas, en el Independance Club. Me encantan este tipo de conciertos, ya que cuando una banda se dispone a finalizar un ciclo en el que ha invertido tanto tiempo y esfuerzo normalmente le añade un plus de emotividad. No me equivocaba, porque anoche tanto grupo como público fuimos pura emoción. Vasijas I, la primera canción de su repertorio, supuso toda una declaración de intenciones. Con su suavidad instrumental, la fabulosa voz de Óscar Arroyo nos envolvió a todos los allí presentes. Las siguientes, All The Things Are Burning y The Lonely Song Of J.C, dos temas con un sabor muy inocente y honesto, nos hicieron sentir como si estuviésemos despidiéndonos de los colegas tras un verano fantástico, y Memories y Love lo confirmaron con sus letras cargadas de sensibilidad y su armonía melódica. Lo que más me gusta de Inlogic es el contraste entre sus guitarras y el bajo, más sutiles y delicados, con la portentosa batería de Adrián Vilela y la fuerza vocal de su cantante, que unas veces recuerda a la cruda potencia de Eddie Vedder y otras a la calidez desgarradora de Luis Alberto Segura (de hecho, en este último disco les encuentro bastantes puntos en común con L.A.). El teclado de Víctor Cabezuelo es el acompañamiento perfecto a esta singular disparidad, ya que se mueve con elegancia entre la dulzura y la contundencia.

 

Así llegamos a la parte fuerte del concierto, con temas de altura. In The Sun, Hippie Song y Palmero sonaron redondas, especialmente la segunda. Tres canciones muy completas, que para mi gusto conforman el pódium del éxito de Inlogic. Y aunque temí que tras ellas quedase cierto vacío, la verdad es que mis miedos estaban injustificados porque este grupo tiene una variedad de registros entre folk, rock e indie que invitan al disfrute y a la entrega. Uno de los mayores aciertos de la noche fue lo bien mezclado que estuvo el setlist, con cambios constantes entre canciones más íntimas y otras más festivas. No faltaron los guiños a Pearl Jam, una de sus bandas de referencia, e incluso a esa familiaridad a la que se aludía antes, ya que introdujeron No Fans dándole las gracias a los “amiguetes” del público. Una humildad y una simpatía que siempre ayudan a que el espectador se sumerja aún más en el show.

 

Los años nos hacen ir evolucionando lo queramos o no, y a Inlogic les ha pasado lo mismo que a quienes les siguen: con el tiempo han modificado un estilo punk y sencillo, como demostraron con My Only Friend e Inside Out, por otro más sosegado en el que podemos deleitarnos con la voz de su cantante y sus guitarras más serenas. Su base sigue siendo la misma, pero ahora tienen un sonido más limpio y maduro. Se agradece que hayan salido de su zona de confort y hayan dado este salto cualitativo, ya que para mí Vasijas es su mejor trabajo hasta la fecha. Y aunque estos dos temas supusieron un impulso de energía en el concierto, disfruto mucho más de la calidez que exhiben actualmente. Así, entre gritos que les animaban a continuar con el espectáculo y hacerlo casi infinito (porque el concierto se nos pasó en un suspiro aunque el setlist fue extenso), terminaron con Vasijas II. Un final perfecto para una noche mágica, intensa y auténtica.

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