Música

Published on mayo 12th, 2014 | by Javier Solís

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II CoolFest: Coolturetas se hace mayor

Intentando ser puntual por una vez (o, al menos, fingir serlo), aparecí en la puerta de la Moby Dick unos minutos antes de que abrieran el local. No quería perder detalle, sabedor de que a medida que los acontecimientos adquirieran velocidad, dotados de esa vida propia y automática de los eventos musicales, la dispersión inevitable (alguien quizá diría que etílica) podría hacer que se me escaparan matices. El cartel de la entrada mostraba en letras oscuras las palabras que andaba buscando: II CoolFest, precediendo con cierto aroma a ilusión los nombres de los tres grupos invitados: Inlogic, Yogures de Coco y Ballad of Sam. No quise esperar más y me hice con mi entrada (la tercera vendida aquella noche), penetré en las fauces de la ballena blanca, aún vacía, y me dediqué a echar una ojeada rápida, oteando desde la anticipación expectante que me invadía el pecho. La ambientación envolvía con un toque de camarote de madera, de bodega contenedora de barriles de vino y botellas de ron, bamboleadas por la marejada en penumbra del océano. Desde el principio me pareció la atmósfera perfecta para la fiesta (porque fiesta es la palabra que mejor define lo acontecido la noche del sábado 26: fiesta de amigos, fiesta de buena organización y elecciones y, sobre todo, fiesta de música de buena calidad, que era el objetivo final), y a medida que iban apareciendo más congregados percibí que iba creciendo, como un sentimiento general del que todos participábamos, la invisible impresión de que iba a ser una gran velada. Puedo decir que no me equivoqué.

 

Desconozco cuáles son los pormenores de organización de un evento de estas características. Desconozco, aunque imagino, la dificultad que entraña y la presión con la que se ha de lidiar. Un trabajo exhaustivo de coordinación, colaboración y promoción que ha de confluir casi perfectamente en unos instantes, que debe encajar como los engranajes de una maquinaria y funcionar armónicamente, sin chirriar ni quejarse, para así transmitir al público la sensación de que todo el proceso es sencillo, de que la diversión musical de la que están disfrutando funciona a través de la propia inercia de sí misma. Ése es el éxito de este tipo de eventos cuando salen bien y, en consecuencia, el éxito de las personas que lo han hecho posible. Personas, las que conforman la tripulación de Coolturetas, con la pulsión interna de ofrecer una plataforma de promoción artística (más bien habría que decir, como se intuye desde su nombre, cultural), de dar a conocer el esfuerzo y la creatividad de autores que buscan abrirse paso, que salen adelante a través de mucho talento y dedicación y que, estoy convencido, valoran muy positivamente estas iniciativas y la colaboración que desde la página web se hace a lo largo de todo el año. Una colaboración que alcanza su culminación en este evento que, poco a poco, acabará convirtiéndose en un clásico madrileño de la música rock e indie.

 

La primera interpretación de la velada correspondió al grupo Ballad of Sam, cuya puesta en escena me resultó extraordinariamente adecuada para el estilo de noche que se aventuraba desde el principio. Había en la ambientación un toque de Pub Rock pero, más que entre las pintas de algún club en los bajos de Londres o Liverpool me sentí transportado a un bar de carretera en el oeste americano: faltaba el olor a gasolina, la Harley aparcada en la puerta y el polvo del desierto en la distancia, junto al asfalto que se pierde en el horizonte de Arizona o California. La actuación estuvo siempre aderezada por la fuerza de la instrumentación, la comunión de las guitarras y un sonido muy particular del teclado, que en algunos momentos me recordó al acompañamiento de los Rolling Stones en canciones Sympathy for the Devil, o de Led Zeppelin en Hot Dog. Fueron los primeros, los encargados (con la dificultad que ello entraña) de caldear al personal ávido de empezar a cantar y a divertirse, y estuvieron a la altura de lo que se esperaba.

 

A continuación subieron al escenario Yogures de Coco, anteriormente Slovery, quienes obsequiaron con una pegadiza sonrisa al público a lo largo de toda su actuación. La performance estuvo cargada de ritmo desde el principio hasta el final, y destacaron algunos de sus mejores temas como Viajero y Su mundo, que hicieron las delicias de toda la sala, como se demostró en la entrega de sus incondicionales, que no pararon de saltar y bailar. Además, alcanzaron su apogeo con las excelentes versiones de Best of You, de los siempre potentes Foo Fighters (¡todo un acierto el toque íntimo al tocarla en acústica!), y What You Know, de Two Door Cinema Club. Esta última, una de mis canciones favoritas, la clavaron en espíritu y ritmo, y pusieron con ella el broche perfecto a su participación. Para mí fue, sin duda, uno de los momentazos de la noche.

 

Por último, en el que era quizás el mayor reclamo del evento, asistimos a la actuación del grupo cabeza de cartel: Inlogic, nada menos que un integrante del Rock in Río de Madrid en 2010, donde compartió escenario con bandas de la talla de Metallica o Motorhead. Un acierto de Coolturetas, que nos permitió disfrutar de una mezcla atractiva de estilos y comparar voces más conocidas con otras que irrumpen con energía en el panorama musical. El concierto de Inlogic estuvo en la línea esperada, confirmando las altas expectativas, con su clásico sonido mezcla de rock y folk, especialmente en temas como In the Sun o Hippie Song. Aunque hasta ahora no les había visto en directo, tuve la sensación de que estaba asistiendo a la plenitud de un grupo consolidado, de creciente relevancia, que confirmó los inicios prometedores que les catapultaron a la posición de respeto y reconocimiento que actualmente ostentan.

 

Y después llegó el desenfreno clásico de los buenos bares de rock de los sábados, pero multiplicado por el fulgor de la afluencia. Trescientas personas se habían congregado en la sala, y otras muchas se quedaron en la puerta, deseosas de haber podido asistir a los conciertos y lanzando un aviso claro que no puede caer en saco roto: la próxima vez necesitaremos varias ballenas blancas en cuyos estómagos aposentar a más fieles seguidores de la buena música. Entretanto, los miembros de las bandas y los organizadores del evento se fusionaron con el público en medio de la sesión que el dj había preparado para la ocasión, y las guitarras siguieron sonando hasta altas horas de la madrugada, cuando las luces del domingo vieron languidecer a los últimos juerguistas. Un servidor, tan satisfecho como exhausto, y tras haber sobrevivido a una incursión no intencionada al baño de chicas (sí, era yo, pero prometo que sólo estuve allí el tiempo en que tardé en averiguar cómo salir), se marchó a casa con el viejo sabor de boca de las noches para el recuerdo, y deseando, como creo que la mayoría de los asistentes, que desde Coolturetas nos obsequien en breve con otra fiesta con tan buen ambiente y calidad. ¡Es casi una exigencia!

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