Exposiciones

Published on Febrero 24th, 2015 | by Malgorzata Gorowska

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Giacometti: El hombre que mira y sabe ver

Alberto Giacometti nació en un ambiente artístico. Su padre Giovanni era un pintor impresionista, y su tío estaba sumergido en el movimiento fauvista. Por tanto, era de esperar que uno de los cuatro hijos de Giovanni Giacometti siguiera su camino. El artista, guiado por su progenitor, inició el aprendizaje del arte observando los libros de arte antiguo, y sus primeros modelos fueron sus propios hermanos.

 

Desde su juventud se introdujo en los temas “clásicos” de la figura humana, que marcaron su obra a lo largo de su vida. Giacometti continuó sus estudios en la Escuela de Artes y Oficios de Ginebra, pero no fue hasta 1922 cuando el artista empezó a experimentar con el cubismo, y más tarde con el surrealismo, en la famosa Académie de la Grande Chaumière. Hay quien dice que no fue Giacometti quien descubrió el surrealismo, sino que el surrealismo descubrió a Gacometti. Sea como fuere, está claro que cada una de esas etapas permitieron al artista cultivar un estilo único y personal que lo hizo célebre en todo el mundo.

 

Más tarde el artista se centró en el dibujo del natural y la representación de la cabeza humana. Giacometti había pasado por varias etapas a lo largo de su vida, pero hay un nexo común en todas: la importancia de la mirada. La mirada representa el alma, la esencia de la vida, y es que el artista suizo estaba obsesionado con esa parte del cuerpo humano. “La cabeza que se transformaba en cráneo, se convertía más o menos en el equivalente al cráneo de un muerto. Lo que lo hace vivo es su mirada”, aseguraba el artista.

 

Y justo la mirada es el tema central de la exposición organizada por la Fundación Canal, que se puede ver en la sala Canal hasta el 3 de mayo. Se trata de una muestra de más de un centenar de piezas en las que predomina el dibujo con el que el artista pretendía capturar la existencia del ser humano. Y es que ya lo dijo el mismo Giacometti: “Lo único que cuenta es el dibujo, hay que agarrarse única y exclusivamente al dibujo. Si se domina el dibujo, todo lo demás es posible”.

 

La muestra se divide en seis secciones, y en cada una de ellas Giacometti aborda un aspecto diferente de la figura humana. El orden de las secciones gira en torno a la idea de la aproximación del artista a su modelo: “Cabeza”, “Mirada”, “Figuras de medio cuerpo”, “Mujer”, “Pareja” y “Figuras en la lejanía”. La intensidad, la grandeza de las figuras, va creciendo según se avanza por la muestra.

 

Giacometti observaba el mundo bajo un punto de vista bastante peculiar. “Para él, ver la realidad era abrirle los ojos al mundo como si acabara se surgir por vez primera”, decía el poeta francés Jacques Dupin. El suizo tenía sus rarezas y manías. Sus obsesiones no eran pocas. Y las más grande de todas era plasmar la existencia humana. Para él, los dibujos eran su forma de pensar, de hacer fluir sus ideas, y no en vano se referían a él como “el artista existencial”.

 

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