Música

Published on septiembre 24th, 2014 | by Laura Muñoz

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Festivales 2014: Mucha calidad y aún más cantidad

Para un buen cooltureta el verano no es lo mismo sin un festival, o en nuestro caso unos cuantos. Desde que empezamos la universidad hasta casi la treintena actual los hemos ido incorporando a la temporada estival como si se tratase de nuestro bikini preferido, las gafas de sol o la crema bronceadora. Para mí es imprescindible acudir a alguno desde el FIB 2006, el primer evento masivo de estas características al que acudí. Ver a The Strokes, Placebo, Morrisey o Depeche Mode en el escenario verde me convirtió en una adicta a la música en directo y a la cultura festivalera, porque cualquiera sabe que asistir a semejante espectáculo es mucho más que ver conciertos. Acampar con tus amigos, hacer colegas mientras esperas al siguiente grupo, comerte un bocata a las cinco de la madrugada como si no hubiera mañana,…Son mil experiencias únicas que van incluidas en el lote.

 

Nuestro periplo del 2014 empezó con el SOS 4.8, probablemente el más humilde dentro de los grandes. Para mí, un imprescindible año tras año. El festival murciano es una excusa genial para pasar el puente de mayo en la playa, tomar unas cañas por el centro de la ciudad y acudir al recinto ya entrada la noche. Con menos aglomeraciones y una temperatura que invita a ponerse la sudadera aunque estés dándolo todo con Prodigy, para mí es uno de mis favoritos por el buen rollo que se respira. Quizá se debe a que es el primero de la temporada y siempre lo pillamos con ganas. En esta ocasión actuaron, además de los ingleses, otras bandas míticas y ya entradas en años como Pep Shop Boys (los abueletes del SOS, aunque nadie lo habría dicho viendo su show) o Phoenix, que fueron lo mejor del evento. Destacaron también The Kooks, que aun siendo una formación bastante joven puede tirar de un repertorio extenso plagado de éxitos, y unos omnipresentes Izal que no se achicaron ni un momento por verse en el escenario principal. Van dispuestos a comerse el mundo. A otro nivel, aunque muy notables en ejecución, estuvieron León Benavente e Is Tropical. ¡Y vaya sesión para el recuerdo la de los Zombie Kids! Lo peor fue el descafeinado concierto de Damon Albarn, en el que tenía puestas muchas expectativas, y ver a Fangoria como cabezas de cartel (pero admito que eso se debe a que nunca fui muy fan de su estilo).

 

El mes de julio, como siempre, supuso el plato fuerte de la temporada. BBK Live, FIB, Low Festival y Arenal Sound, ahí es nada. El primero en arrancar fue el festival bilbaíno, que se vistió de largo con todas las entradas agotadas. Su éxito estaba más que justificado: Franz Ferdinand, The Prodigy y Black Keys como cabezas de cartel indiscutibles, acompañados por Phoenix, Vetusta Morla, Crystal Fighters, MGMT, Foster The People, The Lumineers, Bastille, Izal, Dorian, La M.O.D.A,… No hay duda, Kobetamendi se ha convertido en un lugar de referencia para los amantes de la buena música y el BBK le ha quitado el primer puesto al FIB. Ese mismo fin de semana se celebró el 101 Sun Festival en Málaga, que también contó en su primera edición con Franz Ferdinand o Crystal Fighters y les sumó a los Lori Meyers, reyes del indie nacional. Sin embargo, ni el precio reducido de las entradas, ni la playa, ni el sol sureño le hicieron la competencia al BBK, que también cuenta con el atractivo de la vida cultural bilbaína o su ruta de pintxos por el casco antiguo de la ciudad.

 

El jueves, primer día del BBK, fue sencillamente apoteósico. La banda de Alex Kapranos ha vivido tiempos mejores, pero hay que admitir que tienen un directo explosivo. Phoenix no les desmerecieron, ni mucho menos, pero es cierto que su actuación se vio un poco deslucida por la llovizna que caía sobre Kobetamendi. Sin duda, una de las principales desventajas de este festival es el clima. Uno piensa en otros eventos de este tipo y se imagina pasando la resaca tumbado en la arena, y en el BBK se hace indispensable llevar impermeable y sudaderas en la mochila. De hecho, ésa es una de las principales ventajas que tiene acudir a la competencia: el Optimus Alive, en Portugal, cuenta con el atractivo del mar y el buen tiempo. Además, aunque normalmente traen un cartel casi idéntico, este año cambiaron a Franz Ferdinand por Arctic Monkeys y les sumaron a Interpol e Imagine Dragons, quienes también habían confirmado su presencia en Bilbao pero finalmente se cayeron del evento. Huele a que el próximo año sí vendrán al festival español.

 

Prodigy estuvieron más enérgicos que en el SOS, Bastille demostraron su buen hacer sobre las tablas y Vetusta Morla dieron un concierto espectacular, pero The Lumineers chirriaron un poco entre tanto grupo colosal (no por culpa suya, sino porque brillan más en la intimidad de una sala, con otro tipo de acústica y un público más calmado). Tampoco estuvieron a la altura The Black Keys, con un sonido bastante pobre. No obstante, pocos peros se le pueden poner a esta edición del BBK. Tiene este festival un aura más respetuosa que cualquier otro de los que he pisado en España (Primavera Sound aparte), como si en Bilbao todo se tornase un poco más serio, mucho más artístico. Sus atardeceres dorados sobre la ciudad vasca tienen magia. Volveremos.

 

El FIB, tras meses de incertidumbre, abrió sus puertas con un cartel más flojo del que nos tenía acostumbrados. Anunciaron como principal reclamo a Kasabian, Lily Allen o Jake Bugg, pero a mí, salvo Kasabian, me despertaban más curiosidad Tame Impala, Manic Street Preachers, Klaxons, Courteeners, The Charlatans o Mucho. Sin que sirva de precedente, en esta ocasión la emoción estaba en la zona media de la tabla. Benicassim sigue siendo un grande (el precio de su abono da fe de ello), pero ya no es la versión española de Glastonbury, salvando las evidentes distancias, y da pena. El escenario verde aún impresiona, pero lejos quedan ediciones como las del 2006, 2007 o 2008, en las que uno se tiraba de los pelos por no tener tiempo de verlo todo. En el 2013 parecía que volvían a estar fuertes, con Arctic Monkeys, Miles Kane, The Killers y Queens Of The Stone Age, pero fue un espejismo. De momento siguen siendo el festival español preferido por los guiris (si eres fan de Alfredo Landa y su búsqueda de suecas, ya sabes dónde acudir) pero El BBK les ha ganado la partida en sólo nueve ediciones, así que es hora de que se pongan las pilas.

 

El Low Festival de Benidorm es todo lo contrario al FIB vecino: si bien sus reclamos (salvo Vetusta Morla) también son grupos foráneos, el grueso de su cartel lo componen artistas indies del panorama patrio. Además de los madrileños, también estuvieron Massive Attack, Editors, Kaiser Chiefs y The Hives, y se sumaron Izal, Iván Ferreiro, Corizonas, Niños mutantes, Second, El columpio asesino, We Are Standard, Xoel López, La habitación roja…llegan a traer también a los Lori Meyers y Supersubmarina (que se han estado reservando para el 2015) y ya tenemos a casi toda la tropa. Este festival tiene a su favor varios puntos muy importantes. Para empezar, probablemente es el mejor organizado de todos los de esta lista, y eso no es decir poco: sus lowers se sienten bien cuidados, y eso cuando llevas tres días de bailes, cervezas y pocas horas de sueño en una tienda de campaña se agradece mucho. Además, resulta perfecto el equilibrio entre formaciones de primer nivel internacional como Massive Attack, quienes siempre ofrecen un espectáculo grandioso, y grupos españoles de corte indie. Destacaron Corizonas, Niños mutantes y Second. Su ambiente es mucho más intimista que el de otros festivales, y eso tiene su punto.

 

La antítesis de la intimidad es el Arenal Sound, que año tras a año convoca a la muchachada a pasar una semana (sí, has leído bien: ¡una semana!) entre las playas del Levante y el asfalto de su recinto. Lo de la muchachada también es literal, porque la media de edad debe rondar los 20 años tirándole alto. Esto se debe a los bajos precios de sus abonos, aunque este año han experimentado una subida considerable. Eso sí, también es cierto que han apostado por el mejor cartel de sus cinco ediciones: Placebo, Mando Diao, Biffy Clyro, Miles Kane, Bastille, Azealia Banks, L.A., Izal, Crystal Fighters, León Benavente, Elefantes, Dinero, Sidonie, French Films, Russian Red, We Are Standard, The Royal Concept, Miss Cafeína, Satellite Stories,… ¡seis días dan para mucho! Imaginaros el espectáculo: miles y miles de chavales abarrotando las playas y el paseo marítimo de Burriana, y la gran mayoría de ellos ni siquiera estaba allí para ver a esos grupazos, sino por la fiesta y los dj’s que aparecieron a continuación. Quizá precisamente para intentar desmarcarse de esa imagen de festival farrero apostaron por grupos como Placebo. La banda de Brian Molko sigue estando en plena forma, y lo demostraron con un directo espectacular basado principalmente en el Meds (uno de sus mejores discos) y bombazos como The Bitter End o Special K.

 

Miles Kane fue la estrella de rock que todo festival necesita. Atrevido, descarado y con una pose que sugiere mucha más experiencia de la que tiene, ofreció un show en el que no dio tregua a su público, asemejándose a un Richard Ashcroft moderno. Dejó a los sounders en éxtasis con su vibrante Come Closer, caldeando el ambiente para unos Biffly Clyro que deslumbraron con sus chispazos de virtuosismo guitarrero. La sorpresa del verano fue la impresionante calidad de Mando Diao, a quienes nunca había visto en directo y me dejaron con la boca abierta. Qué versatilidad, qué manera de reinventarse a sí mismos… Decir que estuvieron soberbios se queda corto. No obstante, todas las actuaciones del festival estuvieron en un nivel óptimo, incluyendo las del escenario playero, presumiblemente el menos interesante de los tres del Arenal. Bailamos como locos con We Are Standard, French Films o Dinero; nos emocionamos con Iván Ferreiro, L.A. y Miss Cafeína; nos dejamos la vida dando saltos con Crystal Fighters y Satellite Stories… ¡Qué locura de festival! Es una auténtica lástima que el atractivo de su faceta musical quede empañado por la marabunta de adolescentes que acuden con las miras puestas en otras diversiones. En cualquier caso, para mi gusto han reunido el mejor cartel del 2014.

 

La fatiga del Arenal se sacudió mejor con el Sonorama, como quien sale un domingo de cañas para sobrellevar la resaca de un sábado de gin-tonics. Levantaron mucho polvorín llevando a Raphael, pero si bien es cierto que su presencia en Aranda de Duero resulta desconcertante, también lo es que sigue siendo un artista como la copa de un pino. Amaral, Cut Copy, Duncan Dhu, Izal, Fuel Fandango, Second, Nacho Vegas, Depedro, Grises, Belako, Sexy Zebras, Tachenko… el Sonorama es un festival muy casero que tiene el encanto de lo pequeño. No vas a un recinto, vas a estar de colegueo en los bares y ver a grupos actuando en su famosa Plaza del Trigo. Tiene un plus de autenticidad a lo “fiestas del pueblo” que le da una vibración especial, así que aunque juega en otra liga es digno destacarlo como uno de los imprescindibles del panorama patrio. Una propuesta para el año que viene: ¡que lleven a Rufus T. Firefly! Por pedir que no quede.

 

El DCODE supuso el fin a los conciertos al aire libre. Anda en tierra de nadie: no llega a ser un grande porque quizá sus reclamos tienen menos tirón que el BBK o el FIB, pero tampoco compite contra eventos más pequeños como el Alhambra Sound porque siempre traen a alguna figura internacional de renombre. Con un aire un poco más alternativo, más sofisticado, apostaron por Beck como anzuelo para los gafapastas y por Vetusta Morla para enganchar a los fans de Radio 3. Su cartel era muy interesante, pero menos popular de lo esperado, y en estos casos la calidad suele verse castigada por el desconocimiento. Junto a estos dos grandes destacaron Jake Bugg, la maravillosa Anna Calvi, Bombay Bicycle Club y Chvrches. El estar situado en la capital (y además en un recinto fantástico como el de la Complutense) es una ventaja segura porque el público local es muy dado a ir de conciertos, pero una ciudad como Madrid tiene la capacidad para albergar un festival de más enjundia. Uno que dure dos días y se arriesgue a traer estrellas de primer nivel como The Killers, como hicieron hace un par de ediciones.

 

Llegado el momento de quitarme las pulseras y las trenzas hippies y sacudirme la añoranza, pienso que he vivido un año musical espectacular, plagado de eventos asombrosos. Sin embargo, también creo que hay una burbuja de los festivales muy acusada. ¿No sería más lógico crear un mega evento que reuniese a un plantel enorme de grupos de primera fila, tipo Glastonbury, a tener festivales de tamaño medio o pequeño difuminados por todo el territorio nacional? Al menos sería más cómodo y más barato desde el punto de vista del público (eso por no comentar que como quieras acudir a varios agotas la mitad de tus vacaciones). ¿No creéis que hay demasiados jefes para no tantos indies?

 

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