Exposiciones

Published on noviembre 22nd, 2013 | by Laura Muñoz

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El nacimiento de un mito

Algunas personas tienen una belleza, una voz o un carisma fuera de lo común, y con suerte y los contactos adecuados pueden llegar a ser celebridades. Pero la fascinación atemporal sólo está al alcance de unos pocos elegidos, de figuras capaces de traspasar fronteras generacionales o culturales. Los mitos del cine, la música o los deportes, además de poseer una característica que les hace sobresalir, nacen con un magnetismo apabullante y logran convertir sus puntos fuertes en su sello personal, transmitiéndolos de forma natural. Marilyn Monroe o James Dean hicieron de su físico explosivo y su rebeldía vulnerable su peculiar “marca de la casa”, y a menudo las mismas condiciones que les elevaban al estrellato también eran su cruz personal. Ya lo decía Rita Hayworth en relación a su personaje más famoso: “La desgracia es que los hombres se acuestan con Gilda, pero se levantan conmigo”.

 

El mundo de la música ha generado enormes leyendas como Jimi Hendrix, John Lennon, Janis Joplin, Jim Morrison o Freddie Mercury, casi todos ellos asociados con escándalos sexuales, drogas y muertes prematuras. Elvis Presley tampoco se libró de estos pasajes turbios y precisamente por ello tienen aún más valor las imágenes que se exponen actualmente en Mondo Galería (calle San Lucas, 9), ya que fueron tomadas antes de que la fama y sus consecuencias alcanzasen a “el Rey”. En 1956, Alfred Wertheimer recibió su primer encargo importante: fotografiar a un joven y prometedor cantante que acababa de llegar a Nueva York. Así fue como se topó con el que sería el trabajo más importante de su vida, ya que tuvo la oportunidad de acompañar a Elvis a lo largo de un año. Este viaje tuvo como resultado una serie de instantáneas que irradian una intimidad impactante, algo bastante inusual cuando se trata de personajes de estas dimensiones.

 

Elvis. El nacimiento del rock’n’roll es una colección de treinta imágenes en las que podemos contemplar a la estrella en una actitud muy relajada, sin preocuparse en absoluto por tener una cámara captando sus gestos. Quizá esto se deba a que tanto el músico como el fotógrafo estaban empezando sus respectivas carreras profesionales, por lo que el primero no estaba tan obsesionado por su imagen y el segundo no tenía los vicios que se adquieren con la experiencia. Así, somos testigos de un Elvis que es pura sexualidad, característica que le ayudaría, y mucho, en su ascenso al estrellato, pero que también le mortificaría a lo largo de toda su vida. Sesenta años después de que fuesen tomadas estas instantáneas el reinado de Elvis sigue vigente.

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