Música

Published on febrero 9th, 2014 | by Laura Muñoz

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El meteórico ascenso de Izal

Lo vivido la noche del 7 de febrero en La Riviera fue una de esas maravillosas excepciones del panorama musical patrio: una sala abarrotada, sobrecogida por la fuerza del momento, coreando cada estribillo como si le fuera la vida en ello. Suele decirse que nadie es profeta en su tierra, pero afortunadamente parece que vamos a tener que actualizar nuestro refranero. Desde hace unos años estamos asistiendo al triunfo de grupos jóvenes, con garra y, para sorpresa de muchos, nacionales. Ojalá no se trate de una moda pasajera y este apoyo se consolide, ya que la escena cultural doméstica sería la primera beneficiada. Izal se han aupado en apenas tres años al Olimpo del indie español, y lo han hecho basándose en la potencia del boca a boca. Pocos grupos cuentan con fans tan entusiastas. Pasión, electricidad y sencillez como motor de un embelesamiento que les ha llevado a agotar entradas en casi todas las citas de su última gira.

 

Dos pantallas anunciando una cuenta atrás a cada lado del escenario, decorado con lámparas que aportaban una atmósfera suave, y un juego de luces simple. Sin artificios banales, porque la magia y los efectos especiales ya los ponen ellos. Casi todo en Izal se apuntala en la normalidad, y sin embargo resultan un grupo de lo más insólito. Se les identifica con el sonido independiente español, y en realidad sólo lo son en el sentido de la autogestión, ya que ellos son quienes controlan y financian su trabajo. La mayoría de las bandas tienen que bregar con mil actuaciones en salas pequeñas de acústica penosa para poder acercarse al público de masas, pero casi desde sus inicios estos chicos se han especializado en actuar en festivales, tal y como lo confirma su presencia en casi todos los espectáculos de este tipo que se montan en nuestro país. Siendo grandes músicos no queman sus cartuchos en su técnica, sino que su base instrumental sirve mayormente para acunar unas letras cargadas de emotividad y épica. Su mensaje es sutil, sensible y delicado, pero contrasta con la pegada de estribillos bailables y alocados, ideales para el desmelene. Incluso, en el colmo de las contradicciones, su show empezó con Despedida, como quien sólo mira hacia atrás para coger impulso.

 

En su setlist tuvieron cabida todas las canciones de su último disco, Agujeros de gusano, casi todas las de su primer largo e incluso algunos temas publicados en Teletransporte, su primer EP. Continuando con lo excepcional, uno de los puntos más destacables de Izal es que consiguieron que se pasaran volando las casi dos horas que estuvieron sobre el escenario. Otro, que en ningún momento decayó el ánimo de su audiencia. Su repertorio fue acertadísimo, llevándonos en volandas por subidones de adrenalina y serenos pasajes románticos. Izal, grupo de chicos con aspecto corriente, carentes por completo de la apariencia estrafalaria de la mayoría de las estrellas del mundillo, acabaron su concierto haciendo mención a las cualidades sobrehumanas de La mujer de verde. Nadie podrá negar que son la banda de lo paradójico. Quizá la mayor coherencia que se dio en La Riviera estuvo en iniciar la velada con dos relojes que proclamaban su particular cuenta atrás, porque lo que realmente pregonaban era el despegue de un grupo que no se pone techo.

 

Fotografía: Jaime de la Ossa de la Plaza.

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