Escena

Published on Noviembre 20th, 2014 | by Laura Muñoz

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El hijo de la novia: El amor en tiempos de sombras

Nos pasamos el día enfrascados en nuestros problemas, y cuando sacamos dos minutos para relajarnos lo que suele venirnos a la mente es alguna preocupación: pagar facturas, organizar la agenda para que nos dé tiempo a cuadrar reuniones con obligaciones sociales, la discusión que tuvimos con nuestra pareja ayer… La vida es un puzzle de cientos de detalles, pequeños o grandes, dulces o amargos, extraordinarios o anodinos, y nosotros parecemos poner siempre el foco en los desagradables. De algún modo las tragedias se hacen más propaganda.

 

La vida se compone de luces y sombras, y si hay una luz que destaca por encima del resto es el amor. La obra El hijo de la novia, basada en la película que dirigió Juan José Campanella en 2001, gira en torno a esta idea. Su protagonista, Rafael (Juanjo Artero), es un hombre que vive constantemente malhumorado. Su restaurante pierde dinero, los proveedores no dejan de acosarle, su ex mujer es una fuente inagotable de discusiones, apenas ve a su hija, descuida a su actual pareja…vamos, lo que viene siendo un desastre. Es curioso cómo puede ser tan desdichada una persona que lo tiene todo para ser feliz. Por contra, su padre es la antítesis de este hombre. Nino (Álvaro de Luna) es un anciano afable, lleno de vida, que construye sus días en torno a Norma (Tina Sainz), la mujer de la que lleva enamorado desde su juventud. Su amor, sin embargo, ha sufrido el duro revés de verse quebrado por una enfermedad que nubla la mente y agota el espíritu, despojando de su propia personalidad a quien la padece.

 

Entre la película argentina y la obra española existen diferencias notables debido a que el lenguaje teatral y el cinematográfico son dispares, y también varían algunas tramas secundarias. Sin embargo, el nexo entre ambas es un respeto absoluto hacia el amor. No hacia un amor nostálgico frente a las inclemencias del paso de los años, sino hacia una fuerza tremendamente poderosa que nos lleva a dar lo mejor de nosotros mismos. A potenciar la mejor versión de lo que somos y ofrecérselo al otro, con alegría y dignidad, cada día. Es la idea del amor como reto, como elección y como admiración por la esencia de la persona amada.

 

El hijo de la novia es la obra perfecta para dos tipos de público completamente opuestos. En ella hay quien verá una vibrante comedia, pues el texto está lleno de momentos ingeniosos que invitan a la risa sincera. Otros pensarán que es un drama en toda regla, ya que ciertamente los personajes atraviesan un periodo de aridez emocional. A este simpar equilibrio contribuyen de forma sobresaliente sus actores, perfectos cada uno de ellos en su mundo de dudas, pasiones y tinieblas. Los descreídos se reconciliarán con el amor puro, ya sea hacia padres, hijos, parejas o amigos, pues está presente en cada línea de texto. Los románticos de pura cepa se irán contentos a casa, porque ésta es una historia de pequeñas victorias sobre la adversidad. Como decía, luces y sombras.

 

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